Los fundamentos del Mundo Moderno- Edad Media tardía, Reforma, Renacimiento

LOS AUTORES
Ruggiero Romano
Nació en Fermo en 1923. Es director de Estudios en la École Pratique des Hautes Études (VI Sección) de París, donde es titular de la cátedra de «Problemas y métodos de historia económica». Entre sus numerosas publicaciones resaltamos; *Le carneree du Royaume de Naples avec la France et les pays de l'Adriatique au XVIIIeme siécle, *París, 1951; *Navires et marchands à l'entrée du port de Livoume *(en colaboración con Fernand
Braudel), París, 1951; *Commerce et prix du blé au XVIIIeme siècle, *París 1956; *Una economía colonial: Chile en el siglo XVIII, *Buenos Aires, 1965;
*Prezzi, salari e servizi a Napoli nel secólo XVIII, *Milano, 1965; *Cuestiones de historia económica latinoamericana, *Caracas, 1956; *Colombo, *Milano,
1966; *I prezzi in Europa del XIII secólo a oggi, *Torino, 1967.


Alberto Tenenli
Nació en Viareggio en 1925. Es Director de Estudios en la École Pratique des Hautes Études (VI Sección) de París, donde es titular de la cátedra de «Historia Social de la cultura europea». Entre sus obras resaltamos: II senso della morte e l'amóre della vita nel Rinascimento, Torino, 1957, y Venezia e i corsari, Barí, 1961.

Prefacio
En poco más de trescientas páginas, la historia económica, cultural y política de Europa, desde 1350 a 1550... Dificultad habitual de todos los manuales, que no recordamos aquí para solicitar la comprensión, la solidaridad y casi la complicidad del lector. En realidad, existen —y desde hace mucho tiempo— excelentes manuales en los que no sería difícil ampararse. Pero el lector de 1971 ¿pide las mismas cosas que el lector, pongamos por ejemplo, de hace veinte años? ¿Está verdaderamente interesado en conocer, en saber, en acumular nociones? ¿Y el joven historiador de nuestro tiempo se plantea las mismas preguntas que su maestro? ¿O —como nosotros creemos— se ha producido una ruptura, un cambio de «estilo», que hoy nos obliga a buscar algo nuevo? No se trata de buscar lo nuevo por el gusto de la novedad. Pero, si las exigencias del mundo que nos rodea han cambiado, ¿no es, en cierto modo, traicionar la propia función del intelectual el seguir hablando un lenguaje que la mayoría no siente como propio y actual?
Estos son los problemas esenciales que los autores se han planteado y que, para mayor comodidad en su trabajo, han tratado de resumir en una sola pregunta: «¿Qué debe ser nuestro manual?» ¿Sólo una simple exposición de los resultados conseguidos por la investigación historiográfico, o es posible presentar, en forma igualmente simple, la problemática que anima la investigación histórica? En suma, ¿un manual debe ser una recopilación de nociones (recopilación, en última instancia, de otros manuales), o debe ofrecer algo más que los puntos ya establecidos, y no sólo las luces todavía inciertas, sino incluso los primeros vislumbres de aquellas luces que mañana serán fijas? Hemos elegido el segundo camino, convencidos de que es el mejor en el plano científico y, además, el único que permite el respeto intelectual que un autor debe siempre a los lectores.
Por otra parte, el problema de la elección no se planteaba entre verdades adquiridas y verdades en discusión, ¿Qué *clase *de verdades tratar? ¿Verdades de hecho, es decir, innegables (el tratado de Cateau-Cambrésis es de 1559: es un hecho; Cristóbal Colón descubre América en 1492: es incuestionable), o verdades discutidas y discutibles, pero que, sin afán de imposición y dejando libre al lector, sirvan no para «instruir», «enriquecer intelectualmente», «documentar» (como ha sido [1] costumbre decir, con expresiones un tanto vacías), sino, más bien, para suscitar dialécticamente preocupaciones, dudas e incluso controversias? Hemos considerado preferible la segunda vía. No sólo proponemos, pues, soluciones, sino también ciertas explicaciones con vistas a ciertas soluciones, que los lectores pueden interpretar de diverso modo. Lo que nos interesa es ofrecer, de la manera más honesta posible, los elementos del problema. Es todo lo que hemos intentado.
Además, siguiendo este camino, se consigue lo que resulta una ulterior y notable ventaja: sí en un manual de *hechos *es grave la falta de *un *hecho, si en un manual de *verdades *consagradas es igualmente deplorable la falta de un aspecto de esas verdades, en el esquema lógico adoptado por nosotros (y en el correspondiente sistema expositivo empleado) los inconvenientes son mucho menos graves. En efecto, hemos insistido en presentar las líneas de desarrollo general; no ya de los desarrollos particulares, que conciernen a pocas familias de reinantes o de poderosos, o a algunos grupos de
intelectuales o a ciertos jefes militares, sino la marcha de Europa en su masa humana, en sus necesidades económicas, en sus creencias colectivas, en
sus íntimas aspiraciones políticas, en las raíces profundas de su pensamiento durante esos dos siglos.
En tal contexto, aunque sin precisar cada uno de sus pormenores, no se altera en profundidad el cuadro general, el cuadro de un mundo que avanza —incluso eo momentos muy duros, como los de una buena parte del período aquí tratado— hacia la afirmación de la dignidad del hombre.
Ruggiero Romano      Alberto Tenenti
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