Las preocupadas previsiones de Aranda en relación al destino futuro de las colonias americanas de España, y sobre el engrandecimiento desmesurado de los en ese entonces recién creados Estados Unidos, resultaron ya, menos de un siglo después, completa y definitivamente certeras. Vale recordar que esta suerte de meditación casi de filosofía política- que el conde de Aranda dirige a su rey, tuvo lugar algunos años antes de producirse la Revolución Francesa, y lejos aún de las conmociones coloniales generalizadas que condujeron a la independencia de Sudamérica. El diplomático, embajador plenipotenciario de España en París, había recibido durante su estadía en Francia influencia intelectual del llamado "partido filosófico", en el momento cercano a la corte de ese país. Seguramente, la propuesta de solución que le sugiere a Carlos III -dividir el continente en reinos semis-independientes, regidos por príncipes españoles, manteniendo el rey de España autoridad por encima de esa suerte de federación- contaba con el tácito beneplácito francés, sobre todo teniendo en cuenta que esa potencia, de acuerdo a sugerencia del conde de Aranda, sería beneficiada directamente en la relación comercial con las ex-colonias, en detrimento de Inglaterra.
Uruguay

