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Las preocupadas previsiones de Aranda en relación al destino futuro de las colonias americanas de España, y sobre el engrandecimiento desmesurado de los en ese entonces recién creados Estados Unidos, resultaron ya, menos de un siglo después, completa y definitivamente certeras. Vale recordar que esta suerte de meditación casi de filosofía política- que el conde de Aranda dirige a su rey, tuvo lugar algunos años antes de producirse la Revolución Francesa, y lejos aún de las conmociones coloniales generalizadas que condujeron a la independencia de Sudamérica. El diplomático, embajador plenipotenciario de España en París, había recibido durante su estadía en Francia influencia intelectual del llamado "partido filosófico", en el momento cercano a la corte de ese país. Seguramente, la propuesta de solución que le sugiere a Carlos III -dividir el continente en reinos semis-independientes, regidos por príncipes españoles, manteniendo el rey de España autoridad por encima de esa suerte de federación- contaba con el tácito beneplácito francés, sobre todo teniendo en cuenta que esa potencia, de acuerdo a sugerencia del conde de Aranda, sería beneficiada directamente en la relación comercial con las ex-colonias, en detrimento de Inglaterra.
Con esta base histórica Miguel Barcala elabora una novela que ha tenido ya varias reediciones.
"El año 669 de la era del Señor y dieciséis del reinado de Receswinto, se estaba mostrando generoso con Aurariola, y en especial, con la familia de los Gabdus; por una parte la victoria naval de la flota del emperador Constantino IV sobre las fuerzas del sultán Muhawiya I en aguas de Chipre, había abierto de nuevo las rutas comerciales con Constantinopla, lo que auguraba un aumento del precio del trigo y sobre todo del esparto, del cual se sabía estaban muy necesitados los bizantinos para equipar sus naves. Cuando el arconte Régulo llegó de Portus Ilicitanus1 con la buena nueva de la victoria, todos se peleaban por escuchar de sus labios los detalles de la batalla. Con todo, cuando el arconte dio detalles pormenorizados de la victoria, y se supo que ésta, en parte, se había logrado gracias a un líquido milagroso que ardía sobre el agua y nada era capaz de apagarlo, y al cual los bizantinos llamaban «fuego griego»,..."

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